Primeras etapas de un colapso anunciado, el balance ambiental de un 2021 y recuperar la salud y la calle, los propósitos para el 2022

Solapas principales

imagenEcologistas en Acción da la bienvenida a 2022 con el deseo de que en el año nuevo se ponga en el centro de todos los intereses atender a la salud de las personas y la salud del planeta. La ciudadanía, que durante dos años de pandemia ha demostrado su capacidad para responder a la crisis sociosanitaria, tiene la llave para afrontar los retos ecosociales de este año que comienza. Emergencia climática, pérdida de la biodiversidad, deforestación o invasión de plásticos son algunos de los problemas medioambientales a los que hay que dar respuesta desde un enfoque de justicia social y equidad.

Hace cuatro años Ecologistas en Acción daba la bienvenida a 2018 pidiendo salud –para las personas y los ecosistemas–, dinero –reparto de la riqueza– y amor –dedicar más tiempo a las relaciones sociales–. En 2019 la organización ecologista afirmaba que esta década lo tenía que cambiar todo y en 2020 recordaba que, ante las crisis de biodiversidad y cambio climático, tocaba cooperar y rebelarse, tomar las calles. Y en esto llegó la pandemia que todavía se atraviesa a nivel planetario: la salud ha pasado a ser el principal tema de debate, todo ha cambiado de repente y ha tocado estar en casa más de lo deseado.

Por ello, Ecologistas en Acción da la bienvenida a 2022 con el lema de su última Asamblea Confederal celebrada en Xixón en diciembre de 2021: «Recuperar la salud y la calle».

Primer propósito: recuperar la salud

Tras una crisis sanitaria nadie duda de que recuperar la salud es lo más importante. Pero no se puede olvidar que no se gozaba de buena salud antes de 2020. Los informes de calidad del aire de Ecologistas en Acción reflejan las decenas de miles de muertes prematuras que se producen por la contaminación atmosférica en el Estado español. Tampoco es muy saludable el agua que se bebe o la que está en los ríos, ni los alimentos que se consumen, debido a un modelo agrario más pensado para enriquecer a una minoría que para alimentar de forma saludable a la población. La gestión de los residuos, especialmente de la incineración, que suele situarse cerca de las poblaciones más empobrecidas, también supone problemas de salud humana.

Más allá de la contaminación ambiental, el modelo económico actual está produciendo cada vez más problemas de salud mental, fruto entre otras cosas de la precariedad, el aislamiento o de la falta de tiempos para los cuidados. Problemas que además son más patentes en mujeres y personas en situación de mayor vulnerabilidad, como aquellas con menos recursos económicos o las personas migrantes. Algo que se ha agudizado con la pandemia, porque, a pesar de lo que se ha repetido en muchas ocasiones, el coronavirus sí entiende de desigualdades sociales.

Por otro lado, si esta pandemia ha mostrado algo es que la salud del planeta y la de las personas están ligadas. La pérdida de biodiversidad y el cambio climático están detrás del aumento de enfermedades infecciosas, del aumento de desplazamientos forzados, de la pérdida de alimentos o de las muertes por el aumento de eventos climáticos extremos. También la lucha por recursos naturales está detrás de las guerras, cuyas bajas siguen siendo una vergüenza para la humanidad.

Recuperar la salud, por lo tanto, va mucho más allá de bajar la incidencia o la mortalidad provocada por la COVID–19, aunque sin duda esto sea muy importante. Recuperar la salud pasa, por supuesto, por reforzar la sanidad pública, junto con el resto de servicios públicos, pues son estos los que permiten paliar las diferencias sociales. Pero también implica revertir la pérdida de biodiversidad, mitigar el cambio climático, cambiar el modelo agrario hacia la agroecología, recuperar los espacios naturales y evitar la deforestación, dejar los combustibles fósiles bajo la tierra, acabar con el exceso de residuos y eliminar todo lo que no sea biodegradable. Además de cambiar el modelo productivo para producir solo aquello que no sobrepase los límites de los ecosistemas, reducir la jornada laboral para repartir el empleo y poder dedicar más tiempos a los trabajos de cuidados, eliminar la extrema riqueza para avanzar en equidad social y parar todas las guerras. En resumen y sin medias tintas: parar el capitalismo, que pone el lucro por encima de la salud del planeta y de las personas.

Segundo propósito: recuperar la calle

Si algo sabe Ecologistas en Acción es que los deseos no se cumplen por arte de magia, y mucho menos porque quienes están en el poder cedan en aras de la justicia social y ambiental. Prueba de ello es la incapacidad de gobiernos e instituciones internacionales para tomar medidas ambiciosas y contundentes sobre cambio climático y biodiversidad para revertir ambos problemas tan graves.

La clase política, rehén de los poderes económicos, se ha mostrado a todas luces incapaz de llevar a cabo los cambios que pide la sociedad bajo las recomendaciones científicas. Esto se observa claramente con los fondos Next Generation, supuestamente encaminados a responder a la crisis social pero que, como advertíamos desde Ecologistas en Acción, están yendo a las grandes empresas y están reforzando el modelo que ha generado la crisis socioambiental sin producir cambios estructurales.

Toda mejora social ha venido precedida de una fuerte movilización. Por ello, en el contexto actual de pandemia y emergencia ecológica que vivimos, el papel de la ciudadanía organizada sigue siendo fundamental. Una ciudadanía que ha demostrado responsabilidad y solidaridad a lo largo de estos dos años haciendo sacrificios por el bien común. Una ciudadanía que ha sufrido la enfermedad y también el confinamiento, la distancia social y el miedo. Una ciudadanía que en esas duras condiciones se ha organizado para repartir comida, asistir a la gente enferma y remediar los duros golpes de la crisis.

Hace más de una década, las investigadoras del Centro Internacional de Conflicto No Violento Maria J. Stephan y Erica Chenoweth determinaron, tras un estudio de más de un siglo de movilizaciones, que hace un falta un 3,5 % de la población proactiva en protestas no violentas para conseguir un cambio social. Hoy apelamos a la movilización social y a la desobediencia civil en la búsqueda de los cambios que necesitamos. Hemos estado dos años sosteniendo, cuidando, respondiendo. Ahora lo responsable e indispensable es recuperar las libertades perdidas en esta pandemia y tomar las calles.

Retomar las movilizaciones climáticas, dar fuerza a la lucha por un tren público y social que vertebre el territorio, reforzar las acciones contra la ganadería industrial, seguir resistiendo a los tratados comerciales y de inversión, promover el empleo digno y ecológico, renaturalizar ríos, defender la sanidad, las pensiones, el agua, la luz y el resto de servicios públicos, recuperar espacios que son de todas –como la laguna de la Janda– o bloquear la reunión de la OTAN en junio son ejemplos de ello. Esto es poner, de verdad, la salud en el centro.

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Balance ambiental de 2021: primeras etapas de un colapso anunciado

El mundo pos COVID se presenta inmerso en una crisis energética que pone en jaque la estabilidad económica, social y ambiental ante la pasividad de administraciones y gobiernos. Ecologistas en Acción responde con más fuerza que nunca sumando casi un millar de nuevas personas socias a la organización y presentando el primer litigio climático contra el Gobierno de España.

Cuando todavía se estaba en pleno proceso de recuperación de la resaca que dejó la pandemia en 2020, las primeras sacudidas de un colapso civilizatorio que acelera el paso a un ritmo vertiginoso lo ha puesto muy complicado.

La crisis energética castiga con dureza a muchas familias a través de los precios desorbitados en la factura de la luz, y encarece todos los procesos industriales. Esto se traduce en una crisis de suministros sin precedentes. Son muchas las voces que alertan de la necesidad de adoptar medidas urgentes para transitar a un nuevo modelo que asegure la estabilidad económica, social y ambiental en las próximas décadas.

A finales de 2020 y a lo largo de 2021 casi la totalidad de las centrales térmicas de carbón han solicitado su cierre. Ecologistas en Acción se mantiene vigilante, pues se han encendido en alguna ocasión, pero el fin del carbón en España está muy cerca. Aún así, la organización ecologista ha asistido a la Cumbre por el Clima en Glasgow y, a pesar de presenciar un discurso protagonista en torno a la emergencia climática, se ha podido constatar con decepción e indignación que los acuerdos finales posponen una vez más las medidas y la financiación necesarias para hacerle frente.

Ante la avalancha descontrolada de megaproyectos de instalación de energías renovables, Ecologistas en Acción ha publicado un manifiesto ante el proceso de transición energética e implantación de renovables, en el que se recuerda que ningún modelo será justo desde un punto de vista social y ambiental si se continúa primando un sistema económico insaciable, que encuentra en las empresas energéticas y en sus grandes proyectos la forma de perpetuar sus beneficios. Ecologistas en Acción recuerda que compatibilizar la conservación de la biodiversidad y la desaparición de los combustibles fósiles no solo es posible, sino el único camino para enfrentar la emergencia ecológica actual.

Este escenario ha generado la tramitación de 155 pleitos ambientales en los tribunales españoles (en los órdenes contencioso-administrativo y penal) por parte de decenas de abogadas y abogados de Ecologistas en Acción. Pero el colofón de 2021 por parte del área jurídica de la organización lo pone la presentación en el Tribunal Supremo del primer litigio climático contra el Gobierno de España ante la insuficiencia de la ley de cambio climático y la planificación energética, en alianza con Greenpeace, Fridays for Future, Intermón Oxfam y la Coordinadora de ONGD, sumándose así a las iniciativas judiciales que se han dado en países como Francia, Holanda o Australia.

El área de Minería ha testificado durante una audición pública sobre los impactos sociales y ambientales de la minería en la Unión Europea organizada por el Parlamento Europeo. Además, a iniciativa de Ecologistas en Acción, se está tramitando en varios parlamentos autonómicos y en plenos de ayuntamientos un llamamiento al Estado español para que decrete una moratoria para la explotación de la minería submarina.

La Ley de Cambio Climático (mayo 2021) obliga a todas las ciudades de más de 50.000 habitantes a poner en marcha su Zona de Bajas Emisiones (ZBE) antes de 2023. Ecologistas en Acción está empujando para que sean ambiciosas. Mientras, Madrid Central continúa, algo descafeinado y con otro nombre, pero gracias a la actividad judicial y a las movilizaciones promovidas por Ecologistas en Acción junto con otros colectivos, se mantienen las restricciones del tráfico en la capital.

La OMS ha publicado nuevas recomendaciones de calidad del aire, y según el informe de la contaminación por ozono del área de Transporte ninguna ciudad española cumple. Al mismo tiempo se ha conseguido suspender la ampliación del aeropuerto del Prat en Barcelona y se ha vivido una revuelta escolar con movilizaciones cada 15 días en más de 100 escuelas en 12 ciudades de todo el Estado. También la campaña «Tren + Clima» ha conseguido acciones coordinadas y descentralizadas exigiendo un ferrocarril público que vertebre el territorio y enfríe el planeta.

Este 2021 se ha trabajado conjuntamente con CCOO y las organizaciones ecologistas Amigos de la Tierra, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF en la elaboración de un documento para una transición justa en el sector turístico. También se ha presentado la revista «La cara oculta del turismo» junto a CGT y Baladre. Además, coincidiendo con el Día Mundial del Turismo, se presentó el informe «Turismo en ciudades», pidiendo un cambio en las políticas públicas para frenar el insostenible modelo actual.

En materia de agua se ha dado un gran impulso a la renaturalización de tramos urbanos de ríos, a raíz de los 13 proyectos elaborados por Ecologistas en Acción, cuestión en la que ha influido mucho los presupuestos que se han conseguido incluir en los Presupuestos Generales del Estado. También se ha presionado para la desestimación en los nuevos planes hidrológicos de la construcción de varios embalses, así como la inclusión de unos 200km de reservas naturales fluviales (RNF) a propuesta del área de Agua.

Tras muchos años de activismo en las calles, en las instituciones, en el campo, en los ordenadores y en los tribunales, por fin se ha conseguido la tan ansiada protección del lobo y su inclusión en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE).

Se ha hecho un gran esfuerzo para conseguir el millón de firmas necesario para que admitan a trámite la Iniciativa Ciudadana Europea (ICE) que pedía, junto a otras muchas organizaciones europeas, la implementación de una Ley para prohibir de manera gradual pero sostenida, el uso de todo tipo de plaguicidas químicos en agricultura.

A la multitudinaria manifestación en Murcia, con más de 75.000 personas en las calles al grito de «SOS Mar Menor», se debe sumar el éxito en la recogida de firmas, muy por encima de las 500.000 necesarias, para la tramitación de la Iniciativa Legislativa Popular en las que se exigen medidas urgentes para evitar un colapso total del ecosistema. Se ha hecho una campaña específica a bordo del velero Diosa Maat y se ha logrado que el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico se haya comprometido a activar el casi olvidado Catálogo de Hábitats en Peligro de Desaparición, y a incluir en el mismo de forma urgente el hábitat Lagunas Costeras que mejorará la protección del Mar Menor, así como Doñana y la Albufera de Valencia.

Siguiendo con la defensa de ecosistemas marinos, un año más se ha publicado el esperado informe de Banderas Negras y una Guía de Emisarios Submarinos como un complemento a la protección del litoral. Además de presionar a nivel internacional la Ley de Pesca, poniendo el objetivo principal en la prohibición de los descartes.

Ecologistas en Acción ha mantenido la mirada en el mundo rural, impulsando la movilización descentralizada contra la ganadería industrial, y se ha publicado un informe que relaciona este modelo de producción con la despoblación. También se ha lanzado la campaña «Los rostros de la soja» y una web informativa, en colaboración con varias áreas de trabajo de la organización.

El 2021 ha estado cargado de trabajo en el ámbito de los cuidados. Se ha elaborado la «Guía de cuidados» y el «Protocolo de justicia restaurativa», y se ha empujado la reflexión sobre la decolonialidad través del proyecto «Ecofeminismos decoloniales», ampliando el mapa de «Trenzando cuidados».

Tras largo tiempo de debate, se ha aprobado por unanimidad «El 5G y su mundo», un posicionamiento sobre la hiperdigitalización, alertando sobre sus impactos ecosociales.

Aunque el escenario actual es complicado, Ecologistas en Acción sigue presentando propuestas, como el informe «Empleo y transición ecosocial», con la participación de varios sindicatos y organizaciones, en el marco de la campaña «Trabajar menos y todas para decrecer mejor».

Resulta imprescindible resaltar en el balance de 2021 el éxito en la campaña «Ecológica Aplastante» que ha conseguido sumar casi un millar de personas a Ecologistas en Acción, justo antes de recuperar la Asamblea Confederal anual presencial. Se ha celebrado en Xixón, donde volver a debatir, reflexionar y construir alternativas estando cerca unos de otras ha recargado a más de un centenar de activistas después de un 2020 de pandemia y confinamiento.

Pero este año también se ha renovado la Secretaría Confederal, cambiando su estructura con las nuevas vocalías de áreas y territorios, y contando con personas de distintas federaciones. Se ha descentralizado el trabajo organizativo para incluir una mayor diversidad de perspectivas, y por primera vez la composición de este órgano de gestión presume de una mayoría de mujeres entre sus integrantes. Y esto es una señal de que el ecofeminismo, poco a poco, va abriéndose camino.

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