Huelga del metal en Cádiz, movilizarse sirve

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imagen15M Ronda. En pocas palabras.- Si Andalucía, tal como recogen las estadísticas, representa la Autonomía con mayor índice de desempleo y pobreza, provocado por las políticas de los diferentes gobiernos estatales y la indolencia e ineficacia de los gobiernos andaluces, la Bahía de Cádiz, se mueven en un permanente y progresivo deterioro del mercado laboral, ofreciendo los dramáticos parámetros de un 30% de desempleo, un 50% de desempleo juvenil, un 75% de temporalidad, un 30% de irregularidad en la contratación, un 30% de economía sumergida, con índices migratorios negativos- especialmente en juventud, técnicos y talentos-, con la renta per cápita más baja del país y en desconvergencia permanente con Europa y resto del Estado.

Cádiz ha sido durante nueve días, además de un nuevo aliento para toda una clase trabajadora que lleva años huérfana, un ejemplo de lucha y dignidad que demuestran la importancia de la unidad frente a quienes pretenden recortar nuestros derechos.

La asociación de Madres contra la represión comenta «… la lucha que han levantado las y los trabajadores del metal en Cádiz, se ha convertido en un verdadero ejemplo de dignidad y en el que nos vemos totalmente reconocidos en la batalla que están dando y en sus justas reivindicaciones. Contra la precariedad y el deterioro de nuestras condiciones de trabajo y de vida, solo hay un camino que es el de la movilización».

«Imágenes como la de la tanqueta recorriendo las barriadas populares para amedrentar a la población, los botes de humo, las pelotas de goma, los golpes indiscriminados a estudiantes, trabajadores y personas mayores recuerdan a los tiempos de la dictadura franquista»

Echando la vista atrás, la bahía de Cádiz, sin que se haya practicado ninguna reconversión real, lleva varias décadas sufriendo el cierre paulatino de empresas tan emblemáticas como: Altadis (Tabacalera), Delphi (descentralización), el sector pesquero (más de doscientas embarcaciones), San Carlos (que fabricaba y exportaba motores y calderas), Navalips (fabricaba y exportaba hélices y otros elementos de fundición), Ibérica Aga, Visteón, Gades Solar, etc., etc.

Y, por si fuese poco, los tres astilleros ubicados en la metrópolis gaditana, muy activos ambos desde sus respetivas inauguraciones: Bazán-La Carraca (siglo XVII), Puerto Real-Matagorda (mediado siglo XIX) Y Cádiz (Principios siglo XX), desde que España ingresó en la Unión europea, han ido menguando progresivamente sus actividades hasta la catastrófica situación actual, que intenta preconizar una muerte por inanición, debido a su falta de carga de trabajo.

Estas jornadas de huelga responden a la indignación de miles de trabajadores que ven cómo sus derechos no se respetan. Una rabia acumulada a lo largo de la historia que atiende a los excesos de los más privilegiados a costa de toda una clase trabajadora destinada a trabajar de forma ininterrumpida para subvencionar los caprichos de la patronal y sus empleados de la clase política.

La huelga nace por el incumplimiento de un convenio por parte de la patronal que no respeta lo acordado. Aun así, aunque los trabajadores exigieran un mayor sueldo y unas mejores condiciones que las establecidas previamente, sería completamente legítimo puesto que son ellos los que precisamente crean riqueza.

Después de 12 horas de reunión, la patronal Femca y los sindicatos mayoritarios de los trabajadores del Metal de Cádiz, UGT y CCOO, llegaron a un preacuerdo para firmar el nuevo convenio colectivo, suspendiendo así la huelga indefinida que arrancó el pasado 16 de noviembre de 2021. Las fuerzas minoritarias, Confederación General del Trabajo y la Coordinadora de Trabajadores del Metal han mostrado su rechazo a lo que han denominado un “acuerdo de migajas”. El nuevo convenio tendrá una duración de tres años, desde el 1 de enero de 2021 hasta el 31 de diciembre de 2023.

La clave principal de la negociación era el salario. Los empleados pedían no perder poder adquisitivo, es decir, que subiera el salario al igual que el coste de la vida y esa ha sido la gran victoria. Si, se puede. Pero, no podemos olvidar que la protección de los derechos de las y los trabajadores no están al mismo nivel que el deseo de inflar los bolsillos de la patronal.

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