No debemos volver a la normalidad porque la normalidad era el problema

Solapas principales

fotoJesús Giráldez.- Quizás la frase que más me ha gustado desde que las redes y los grupos de whatsapp echan fuego por el confinamiento es la que dice que no debemos volver a la normalidad porque la normalidad era el problema. La frase encierra esperanza en el futuro y crítica al pasado.

Estamos de acuerdo, la normalidad no era buena. Asumir la desigualdad como normalidad no es algo, como comprenderemos, de lo que sentirnos orgullosos. Pero una cosa es que me guste la frase y otra que me la crea. No soy tan optimista como la frase.

Ojala, esta epidemia, esta alarma, este confinamiento implicará una reflexión colectiva. Ojala, simplemente que el descenso de la contaminación nos hiciese pensar que ya nada debería ser como era. Ojala que, por ejemplo, en esta tierra donde habito hayamos aprendido que nuestra economía no es nuestra economía sino la de alguien que no somos nosotras. Ojala hayamos aprendido que la salud de cada una es la de todas. Ojala hayamos aprendido que con una Renta Básica descenderíamos el sufrimiento. Ojala hayamos aprendido que lo importante está cerca, a escasos metros cuadrados, a nuestro lado.

Admiro a la gente que es tan optimista pero a día de hoy creo que hay más señales contrarias que positivas, estamos, no sé si se han dado cuenta, bajo un Estado de vigilancia policial. Y lo malo es que este Estado policial está sacando en muchos casos al policía que algunas llevan incrustada en su interior. Un policía que sin darnos cuenta nos han metido en nuestro cerebro a base de consignas subliminales y de mensajes explícitos que creemos no haber procesado. Vecinas que se convierten en policías de balcón, vigilantes que nadie se salte las normas impuestas, no porque nuestro comportamiento afecte a nuestra comunidad sino porque esa persona a la que denunciamos está haciendo algo que nosotras desde nuestro confinamiento obligado no podemos hacer.

En mi casa tenemos dos perros, ambos fueron recogidos de esas calles a las que solemos arrogar las sobras de la normalidad. Llevamos diez años paseando tres veces al día a estos dos animalitos. Afortunadamente vivimos en un sitio donde sales a la puerta y tenemos unos amplios terrenos donde poder sacar a los perros sin molestar a nadie. Vistas las medidas de confinamiento hemos reducido en tiempo y en distancia los paseos. Hace dos días tras un paseo de ocho minutos y cien metros me abordó la policía. Me dijeron los señores agentes, bastante estresados, por cierto, que había sido denunciado por algún vecino o vecina. No les voy a reproducir la surrealista conversación ni los absurdos argumentos de los policías. Se me quedo muy mal el cuerpo. Algún vecino o vecina de este pequeño y tranquilo barrio que lleva diez años viéndome pasear a los perros se convirtió en un policía atento y vigilante para que nadie haga algo que él, que nunca recogerá un perro de la calle y que posiblemente pase impasible al lado de una persona sin techo, no pueda hacer.

No lo haré, porque nunca lo he hecho, sacar conclusiones generales de una anécdota personal. También puedo sacar la optimista conclusión de que de trescientas vecinas que habrá solo hay una que está lo suficientemente amargada como para hacer venir a una patrulla de la policía desde una distancia de cinco kilómetros porque alguien pasea su perro. Pero una se asoma a las redes sociales en este Estado de alarma y a veces da miedo, gente tan de izquierdas con tantas teorías asumidas, con tantos libros leídos, con tantas críticas a la monarquía, al Estado, al neoliberalismo y a las desigualdades sociales de pronto son abducidas por el Gran Hermano y acusan con su dedo virtual, no a los poderes, sino al igual que no obra como ella.

Sí, sé que la normalidad era el problema pero la nueva normalidad no me está gustando lo más mínimo. Casi me asusta más que el virus y llevamos siglos buscando la vacuna y cada vez que nos acercamos el poder se apodera de la patente y tenemos que volver a empezar con los experimentos. Que tengan todas un feliz confinamiento.

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