15-M RONDA. En pocas palabras.- Después de los primeros 25 años del siglo XXI la democracia sigue sin dar respuesta a mujeres trabajadoras del hogar y los cuidados que realizan un trabajo esencial para el sostenimiento de la vida.
Actualmente, el sector está integrado por 565.718 personas, de las cuales 158.330 trabajadoras son de edad avanzada, esto es, un 30%, y un 87% son mujeres, una feminización extrema que perpetúa la brecha de género, de las cuales el 69% son migrantes, y 70.000 se encuentran en situación irregular debido a las barreras de la Ley de Extranjería. Además, el 62% tienen contratos parciales reduciendo drásticamente sus bases de cotizaciones futuras, y una gran mayoría (87%) no pueden afrontar un gasto imprevisto superior a los 600 euros. El 66% deberán trabajar más allá de los 65 años para poder subsistir, a pesar de que el 84% toman medicación diaria para soportar jornadas de trabajo físicamente exigentes. Hoy, al final de sus vidas laborales, se enfrentan a una jubilación marcada por la incertidumbre, la precariedad y la soledad.
Llegar a los 55 años en este sector significa arrastrar un deterioro de salud invisibilizado. Existe una "paradoja de la enfermedad", ante la falta de ingresos y el miedo al despido, el sistema obliga a las mujeres a seguir produciendo a costa de su salud.
Así, el 73% padecen dolores de espalda y el 70,9% dolores articulares crónicos. El contacto con químicos sin protección deriva en problemas respiratorios (23%) y cutáneos (32%). Es el impacto físico
Mientras, si hablamos del impacto emocional, hay niveles alarmantes de estrés (65,6%) y ansiedad (59,2%), agravados por la soledad del duelo migratorio y la carga mental de cuidar a personas en fase terminal.
Al terminar sus vidas laborales, se encuentran el precipicio de su jubilación. Si hablamos de Pensión Contributiva (Media 710 €), solo el 45,9% accede a ella. La realidad sociológica es que la pensión real generada es de apenas 473,56 € (la mitad que en otros sectores); si llegan a los 710 € es gracias al "complemento de mínimos" del Estado. Es una vejez subsidiada por debajo del 40% del coste de vida real.
Pensión No Contributiva (517,90 €), la red de seguridad para quienes no alcanzaron los años mínimos. Es una cifra insuficiente para la autonomía, especialmente considerando que las trabajadoras españolas tienen 8 veces más probabilidades de tener una vivienda en propiedad que las extranjeras. Sin casa y con 517 €, la pobreza es inevitable.
Sin Prestación (14% del total), esta situación afecta al 25,4% de las trabajadoras migrantes. Es el resultado directo de trayectorias marcadas por la irregularidad administrativa forzada.
Ante la constatación de que las trabajadoras del hogar y los cuidados afrontan una precariedad acumulada que compromete su presente y su futuro, desde Oxfam Intermón se presenta un conjunto de recomendaciones que requieren un compromiso inmediato y sostenido por parte de las instituciones públicas, los agentes sociales y las familias empleadoras:
Equiparación Plena y Retroactividad. Eliminar las diferencias con el Régimen General. Es vital que los avances (como el derecho al desempleo) corrijan los vacíos de años anteriores para no dejar atrás a quienes se jubilan hoy.
Regularización Administrativa. Facilitar "papeles" para que las trabajadoras migrantes coticen desde el primer día, evitando la exclusión total de la vejez.
Reconocimiento de la Penosidad. Adaptar el cuadro de enfermedades profesionales para permitir jubilaciones anticipadas a cuerpos ya "rotos" por el esfuerzo físico.
Garantía de Autonomía Residencial. Priorizar el acceso a vivienda pública. Dada la brecha de propiedad (8 veces menor en migrantes), la casa es la verdadera pensión en España.
Refuerzo del Sistema Público. Transitar hacia un modelo universal que reduzca la dependencia de la contratación privada precaria, convirtiendo el cuidado en un derecho y no en un negocio de explotación.
La vejez pobre de una cuidadora no es un error del sistema, sino un resultado previsto de su diseño. "De aquellos barros (la precariedad que permitimos hoy) vienen estos lodos (la jubilación de miseria de mañana)". Si hoy toleramos que el cuidado se base en la explotación de mujeres migrantes y la invisibilidad de lo doméstico, estamos condenando a nuestra sociedad a una crisis humana irreversible. Cuidar a las que nos han cuidado es la deuda mínima de una sociedad que aspira a llamarse democrática y justa.

