Una crítica feminista del Trabajo Garantizado desde la óptica de la Renta Básica Universal

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cartelPor Agustin Franco. kaosenlared.net  La garantía estatal del empleo es una excelente noticia para el patriarcado, ya que consolida la división sexual del trabajo existente y legitima la segregación por sexos entre empleos rentables y no rentables para el mercado.

“El pensamiento hegemónico nos marca unos estrechos límites, un falso imaginario que deja fuera de nuestra mirada una gran parte de la infraestructura que sustenta este patriarcado capitalista que padecemos”. (CGT, 2004).

La mirada miope y patriarcal de la garantía del empleo no sólo deja fuera del cálculo la explotación garantizada de la clase trabajadora, sino que invisibiliza aún más la brecha de género. En buena medida, la garantía estatal del empleo es una excelente noticia para el patriarcado, ya que consolida la división sexual del trabajo y legitima la segregación por sexos entre empleos rentables y no rentables para el mercado.

La propuesta postkeynesiana del TG se basa en un binomio empleo-desempleo que excluye la realidad económica de los cuidados y del trabajo no remunerado. Oculta la macroeconomía del conflicto sexual. Ello es debido a que se sitúa en un ángulo muerto muy favorable a la ideología neoliberal, impidiéndole ver la cara oculta de la economía, esto es, la parte sumergida de todos los trabajos necesarios para el sostenimiento de la vida.

En particular, se estima que “la economía de mercado en el estado español flota sobre dos tercios del esfuerzo colectivo que permanece invisible. De esos dos tercios de trabajo no remunerado, el 80% corresponde a trabajo de cuidados realizado mayoritariamente por las mujeres” (CGT, 2004, p. 7). Sin embargo, el relato hegemónico es el financiero.

El poder financiero global representa hoy el rostro más testosterónico del poder patriarcal, al que se justifica sin paliativos para asegurarle el flujo constante de su propia renta básica, así como la fuente de la misma, la explotación garantizada, aun a costa de generar burbujas especulativas y crisis inflacionistas cíclicas.

¿Y por qué ‘testosterónico’? Tras el crack de 2008 y la caída de Lehman Brothers, otro gallo nos cantaría si las empresas financieras hubieran estado dirigidas por mujeres (la hipótesis Lehman Sisters), dado que hay diferencias de género notables en tres aspectos claves: la actitud frente al riesgo, las conductas éticas y el tipo de liderazgo (van Staveren, 2014).

Por otro lado, respecto a la obsesión inflacionista de una medida redistributiva universal e incondicional como la RBU, con todos los terribles perjuicios y catástrofes económicas que produciría, parece que casi nadie ha reparado en un pequeño detalle, que la renta básica ya se aplica y además generosamente a quienes menos la necesitan, sin ninguna razón ética ni económica, sólo por puro poder, por puro ‘porque yo lo mando’.

Así, frente a los cacareados costes del trabajo y la obligada contención salarial, vemos que los (sobre)costes de capital (financiero) para las empresas productivas son entre un 50% y un 70% según se relacionen con “el ‘verdadero’ coste del capital, es decir, con la inversión en capital productivo del mismo año (la Formación Bruta de Capital Fijo)” o con la amortización del capital. Esto es, que las empresas no financieras incurren en este sobrecoste “por el sólo hecho de que deben pagar una renta, sin justificación económica, a los proveedores de dinero” (Cordonnier, 2013).

Como afirma bien Jorge Moruno: “El totalitarismo de la oligarquía financiera que todo lo somete a la lógica bursátil, nos avisa de que se ha acabado eso de acceder a una vida asegurada a través del empleo, aunque al mismo tiempo, se sigue imponiendo el empleo como la posibilidad de acceder a los medios de vida. Trabajo y empleo vuelven a separarse en la sociedad postfordista contemporánea: se trabaja más de lo que el neoliberalismo es capaz de emplear”.

En definitiva, como sugiere Laurent Cordonnier, “un proyecto político auténticamente socialdemócrata debería por lo menos fijarse este objetivo: liberar el poder de acción de los empresarios, de los asalariados, de todos los que buscan el progreso económico y social, del yugo de la propiedad y de la renta [básica financiera]. Liquidar la renta, más que el trabajo y la empresa”. Y liquidar también los paraísos fiscales.

En el mismo sentido se pronuncia Jorge Moruno, cuando concluye que “la Renta Básica se perfila como uno de los posibles pilares del bienestar en el siglo XXI, actuando como el reverso de la economía de la deuda: el excedente de la riqueza en lugar de irse por el desagüe de los intereses, se disfruta para construir vidas seguras y plenas”. Como lo sugiere de un modo muy gráfico el economista Fabio Almeida.

Parafraseando a Laura Raim (2013) en su crítica a la economía conductista, ya sabemos que los neoclásicos defienden una opinión discutible y debatible sobre la austeridad salarial (entre otras cosas), pero es que los postkeynesianos de la TMM-TG se saltan la casilla del ‘debate democrático’. Así, seguros de saber en qué consiste el interés macroeconómico general, lo imponen a través de un programa de TG que opera directamente sobre las conductas individuales.

Ciertamente bajo la econ sci-fi de una hipotética soberanía monetaria estatal parecen deducirse las bondades de la TMM. Pero, admitamos pulpo como animal de compañía. Incluso bajo un quimérico Estado con soberanía monetaria y control público de la banca y de su Banco Central, la propuesta del TG lo primero que liquida es la genuina libertad de empresa junto con la igualdad de oportunidades y el carácter paritario del concepto mismo de trabajo, sea asalariado o no.

El monopolio estatal del dinero es lo más antagónico a la idea de libre mercado. Y el monopolio financiero-bancario, también. Es muy cínica la defensa del paraíso si son otros los que pagan el coste del infierno.

La primera garantía de un Estado no burgués (no patriarcapitalista) debería ser, por tanto, la garantía de la paridad. Es más, deberían medirse las distintas propuestas, no sólo por sus efectos éticos y/o macroeconómicos, sino por su capacidad de garantizar la paridad. Y en esto, el TG es un paso en falso, cuando no directamente un paso atrás, porque mantiene el poder en manos del patriarcado, por muy beatífico que sea su Estado dios-padre alimentando a sus hijos (que igual un día le da la chaladura y los asesina porque la diosa-madre, esto es, la  moneda, se quiere separar de él).

 Referencias

  • CGT (2004). Precariedad y cuidados. Cuaderno nº 3. CGT.
  • Cordonnier, L. (2013). “No sólo existe el coste del trabajo”. Le Monde Diplomatique, 213: 3.
  • Raim, L. (2013). “La nueva ciencia económica, peor que la anterior”. Le Monde Diplomatique, 213: 22-23.
  • Van Staveren, I. (2014). The Lehman Sisters hypothesis. Cambridge Journal of Economics, 38: 995-1014.

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