Una España en estado de precariedad

Solapas principales

En pocas palabras. La trastienda de la democracia.

15-M RONDA.- Frente al tradicional Informe sobre el Estado de la Nación que presenta en el Parlamento el Presidente del Gobierno Rajoy, en el que afirma que nuestra economía ya ha salido de la crisis, en el Informe sobre el Estado Social de la Nación 2017, la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales mantiene que vivimos en una sociedad que ha superado la emergencia social y se ha instalado en un nuevo escenario marcado por la precariedad y la falta de oportunidades.

Para la inmensa mayoría de la población, el futuro no existe. Así, hay una España que ya ha salido de la crisis, mientras hay otra España que está en estado de precariedad social. ¿En cuál de las dos España estás tú?

Las mejoras en la economía global no están beneficiando a la inmensa mayoría de la población española. La continua caída de la renta media de los hogares desde 2009 hasta 2015 señala el empobrecimiento que afecta a la mayor parte de la sociedad. En estos seis años la renta media por hogar se ha reducido en 3.953 € anuales, un 13,16%, pasando de 30.045 € en 2009 a 26.092 € en 2015.

A pesar de la mejoría de los indicadores macroeconómicos, la precariedad social pone de manifiesto la extensión de la pobreza en España: 1,3 millones de personas malviven en hogares sin ingresos; 10,2 millones de personas malviven bajo el umbral de la pobreza; 13,3 millones de personas están en riesgo de pobreza o exclusión social; más de uno de cada tres hogares (2.825.000 -33,7%-) tienen dificultades o muchas dificultades para llegar a final de mes; casi dos millones de hogares, esto es, cinco millones de personas sufren frío y humedades en invierno o calores excesivos en verano en sus domicilios.

Hay 8 millones de personas asalariadas que no llegan a los 1.000 € brutos mensuales. El paro de larga duración afecta a casi dos millones de personas desempleadas, esto es, al 41,5% del total, a las que cada vez les van a resultar más difícil salir de esa situación, quedándose fuera del mercado laboral.

Las consecuencias de la mala alimentación y de la temperatura inadecuada en sus viviendas sobre la vida de las personas son demoledoras, especialmente entre las niñas y niños que ven negativamente afectado su desarrollo futuro y, en ocasiones, de manera irreparable. La insolvencia alimentaria, esto es, mala alimentación afecta como mínimo a dos millones de personas en esta España del siglo XXI.

El porcentaje de población con enfermedades mentales en los países desiguales es mucho más alto, y España es el país, de la Unión Europea, en el que más han aumentado las desigualdades. Los desórdenes de ansiedad, de control de impulsos y las patologías mentales graves están todos estrechamente relacionados con la desigualdad.

Además, cerca del 8% de la población española, esto es, 3,3 millones de personas viven “aisladas” porque no tienen más remedio.

Podemos concluir, que cuatro de cada diez personas en España, unos veinte millones de personas, sufren, en uno o en otro grado, situaciones de pobreza. La precariedad, la inestabilidad en el empleo y los bajos salarios provocan que una parte importante de la población viva en permanente riesgo de caer en la pobreza. Una pobreza con carácter estructural y una transmisión intergeneracional que dará lugar a nuevas generaciones que "van a reproducir la pobreza y a las que les costará cada vez más salir de ella". "La precariedad deja sin futuro. Sobrevivir no permite llevar a cabo proyectos de vida".

Para colmo, el gasto en protección social en España -43,6%-sigue siendo inferior a la media europea -48,1%-, es decir, España dedica menos recursos que el resto de países de su entorno en protección social, sanidad o educación. El gasto público total consolidado en Servicios Sociales fue de 16.000 millones de euros en 2016, aproximadamente, 1.000 millones menos que en 2010. Recortar el gasto social no es una forma de corregir los desequilibrios de nuestra economía.

Pobreza estructural, riesgo de exclusión, precariedad, incremento de las desigualdades y falta de oportunidades de movilidad social, es el ADN del nuevo modelo de sociedad. Las graves dificultades que afectan a la sociedad española no son consecuencias de una crisis que aún no se ha superado, ya que están provocadas por la forma en que se organiza y estructura este capitalismo de casino, en el que está inmersa nuestra vida social y personal.

La cuestión de las desigualdades no se resuelve con un crecimiento global de la renta, sino con otro orden económico más justo que impida que un reducido grupo de privilegiados disfruten de mecanismos para seguir acumulando riqueza, mientras un porcentaje muy elevado de la sociedad vive de forma precaria o instalada en la pobreza y sin oportunidades de mejora y de movilidad social. Hoy nos conformamos con sobrevivir, aunque sea en condiciones precarias. ¡Nos están robando el presente y el futuro!

 

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