Enredando por América, de nuevo

Como en años anteriores, desde hace catorce exactamente, algunas baladrinas de la Peninsula Iberica y Canarias se preparan para volar por encima del gran charco. En esta ocasión a enredar por Brasil con Alesandro, y a Argentina con Lichi, Mariana, Lucia, Javier, Nano, Gabril, Tato, Julia, Yanina y tantas otras.


El viaje tiene sus momentos y rituales. En esta ocasión todo comienza el dia 7, domingo. Una tras otra van llegando a Madrid las baladrinas que haran el viaje. Primero Natalia, que lo toma con tiempito, llegando dos dias antes. Al final de la mañana Roberto, con un mochilón y un bolso, paseando por el metro de Madrid desde Barajas. Y a las cuatro de la tarde llega Mary Arrabali, con dos maletas grandotas cargadas de libros y su mochila a la espalda. Como si de una acción directa se tratase, todas se encuentran en el piso base, donde durante horas, van a ir repartiendo pesos entre las maletas y mochilas, riendo sin parar ante las cositas de cada una que considera innegociables, como el pijama de una de ellas, la planchita de pelo de otra o las diez camisetas de la tercera. Luego vendrán las llamadas de skype con las argentinas; el correo a las de Rio Cuarto. Para en un momento concreto, previo a la cena, tener una recapitulación de la historia de Argentina, su realidad política, las debilidades y fortalezas. Recordando de nuevo los objetivos del viaje, las personas baladrinas de allí, sus grupos, actividades... Un tema recurrente es el de los libros, a quienes y cuantos, a la vez que cuáles. A la vez queda claro que al regreso se tienen que traer algunos de los editados allí, que aquí ya están agotados. De repente alguna deja caer su sueño de mojarse en las aguas de Iguazu, otra sus miedos a esos mosquitos innombrables que tanto daño pueden hacer y una tercera nos enseña el mogollón de chapas que lleva para regalitos varios.

Tras regar las plantas del piso base, cualquiera dice patera con tanta mordaza, jejeje, pactamos la hora de levantarnos; arañando minutos al sueño quedamos en salir a las cinco y media del lunes, día 8, para la famosa T-4. Antes de meterse en la cama las últimas llamadas a familiares y amigas.

A las cinco de la mañana, sin estar puestas las calles, vamos entrando en fila en el único servicio de la casa base, para veinte minutos después dar forma a la caravana de maletas y mochilas, por la calle Canarias adelante y sus vecinas, para llegar a Atocha. Como premio tenemos que tomar el cercanías a la T-4 con trasbordo (están de obras en agosto y algunas estaciones las cierran). Así que de nuevo por la Estación de Nuevos Ministerios vamos en caravana autentica, arrastrando las maletas cargadas de libros. A las 6:20 tomamos el cercanías destino a la terminal de Barajas, para llegar a las siete a la planta de salidas de Iberia. Nata se adelanta a pesar las maletas, luego el resto vamos sacando el sobrepeso, para dejarselo a Manolo, que acompaña para realizar la operación libros.

Resulta alucinante ver aquellos pasillos y espacios abiertos llenos de miles de personas con sus nervios, arrastrando maletas de todo tipo, con prisas y una sensacion de angustia. Las baladrinas tienen que hacer una cola grandota que pone en riesgo toda la operación, pues Manolo tiene que tomar el tren de cercanías a las 7:50 en la planta inferior, los telefonos suenan gestionado los miedos a perder el tren. Pero al final, quitando unos seis u ocho kilos de las maletas, se pueden facturar los tres maletones de libros y ropa, para colocar el resto en las mochilas de mano. Manolo sale a toda velocidad para el tren; mientras, las viajeras se salen a la calle a hacerse el ultimo pitillo. Tragados los últimos humos, se encaran a pasar el arco electrónico del control policial y como era de esperar paran a Roberto, por las chapitas, que le resultan de alto peligro al que observa la pantalla del escáner. Pero falsa alarma y el resto ya es pura rutina, trencito a la terminal de satélite, sellado de pasaportes y a desayunar entre pasillos que parecen alamedas enormes. En la espera, la foto de rigor, con los libros en las manos, a modo de trofeos y a la hora prevista a entrar en el avión, sin problemas.

El resto es un constante comer, descansar y alucinar: es su primer vuelo trasoceánico y tienen una alegría inmensa por todo lo que les espera en America. Ya de noche, pasadas las doce, de un domingo muy largo, nos llega la noticia de que han llegado bien al piso base de Buenos Aires y que han pasado todos los libros,jejeje. El lunes, feriado en Buenos Aires, viajan tempranito a Brasil, donde les espera en Iguazú, nada más y nada menos que el baladrino brasileiro Alesandro.

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