Baladre: 30 años de luchas y enredos contra el empobrecimiento, la precariedad y la exclusión social

Solapas principales

fotoIntroducción: una historia colectiva por la transformación social

Este texto es ante todo una consecuencia de la experiencia de los 30 años de luchas y de resistencias de las gentes, personas, colectivos y grupos que participan o han participado alguna vez en este gran esfuerzo colectivo que significa Baladre. Es un intento de recoger y sistematizar una experiencia de auto-organización de personas que intervienen y, en no pocos casos, sufren directamente las consecuencias de la falta de recursos para cubrir necesidades de todo tipo; así como también de otras muchas gentes y colectivos que, sin sufrirlo directamente nos han apoyado y apoyan, desde el corazón, y desde ese hermanamiento del que tanto les gusta decir a las gentes zapatistas, en la lucha por cambiar desde nosotras mismas[1] las situaciones que esta sociedad nos obliga a vivir.

Realizamos un breve recorrido por algunas de las claves que nos han servido a las gentes de Baladre para plantearnos el trabajo social como opción de vida. Esta opción está íntimamente relacionada con el cuestionamiento de la lógica profesionalizadora, en el sentido weberiano, que burocratiza los procesos, nos aleja de la acción autónoma y nos impide la ruptura con el mercado. Plantearse esta opción implica también entender el trabajo social desde un prisma emancipador, liberador, transformador, desde la lucha social por superar el capitalismo y el patriarcado. En esta línea, el nuestro ha sido un camino de búsqueda, para desarrollar iniciativas y herramientas que están siéndonos útiles en la tarea (para nosotras vitales) de cuestionar la realidad que nos ha tocado vivir; de recomponer el tejido social de nuestros barrios y de nuestros pueblos para enfrentar lo que tenemos encima y luchar por conseguir que la vida digna sea un derecho de todas las personas.

Esperamos que este texto sea útil para el conjunto del mundo del trabajo social y de la acción social, entendida ésta en un sentido amplio. Además con cariño lo dedicamos a todas esas miles de personas precarias, explotadas por las multinacionales en cualquiera de sus formatos y las miles de recién diplomadas o graduadas que queman actualmente sus días en la búsqueda de un hueco en el que desarrollar su propia idea de intervención social.

1. Baladre: coordinación de luchas contra el empobrecimiento, la precariedad y la exclusión social. De dónde venimos.

Baladre es el nombre que recibe la Coordinación de Luchas Contra el Empobrecimiento, la Precariedad y la Exclusión Social. Se trata de una coordinación horizontal en la cual participan colectivos, grupos y personas, de diversos territorios, países, regiones, de la península ibérica y desde hace unos años de Sudamérica, como Argentina, Chile o Uruguay. Decimos coordinación y no coordinadora porque Baladre se configura como un espacio para el apoyo mutuo en la lucha social, en el que se puede participar tanto como grupo o colectivo, como a título individual y en el que las decisiones colectivas no obligan más que aquellas partes de la red que libremente decidan implicarse. Como tal espacio no se sustenta en la estructura de las organizaciones clásicas (junta directiva, comisión permanente, asamblea, etc.). En lugar de este modelo clásico, de una manera bastante intuitiva, en Baladre nos hemos dotado de una forma de relación basada en una serie de encuentros puntuales de ámbito estatal, sumados a infinidad de contactos y encuentros parciales durante el año, en los que lo principal es la posibilidad de articular el apoyo mutuo. Esto supone que las decisiones que se toman sólo afectan a aquellos grupos y personas que voluntariamente se vinculan, sin que exista ningún mecanismo para obligar a nadie a asumir aquellas acciones en las que decida no participar. Este mecanismo flexible de toma de decisiones elimina la capacidad de ejercer el poder de una parte de la red sobre el resto, lo que durante estos años se ha traducido en un refuerzo de la confianza mutua y en una articulación muy dinámica de nuestras acciones.

fotoEsto es importante porque en Baladre, en lo organizativo, lo que prima es la relación humana, la voluntad de hacer, de enredar, de encontrarse con las otras, para desde el reconocimiento mutuo y la diferencia construir, reflexionar, debatir, cuestionar, acordar y actuar juntas. Baladre está compuesta por gentes muy diversas, que desde colectivos más bien pequeños, muy ligados a su realidad más inmediata (municipios, barrios, etc.), así como grupos que forman parte de otras redes más grandes y, finalmente, también por personas a título individual. Todos estos grupos y personas han encontrado en este espacio de coordinación un lugar desde el que dar sentido a su acción sociopolítica. En Baladre conviven además una un amplio espectro de posiciones ideológicas y de fe, aunque los mínimos que marcan la confluencia y que ayudan a la complicidad entre colectivos diversos es el hecho de compartir posiciones anticapitalistas, antiautoritarias y antipatriarcales.

En lo histórico, Baladre se puede decir que es el resultado de muchos accidentes. Partiendo de las luchas vecinales de finales de la dictadura, el embrión de Baladre se encuentra sobre todo en las asambleas de paradas de comienzos de los ochenta. El grupo de personas que conforman inicialmente Baladre se plantearon el problema del empobrecimiento desde una óptica diferente a la entonces dominante, la cual identificaba la falta de empleo como la causa última de sus problemas. En su lugar, la reflexión desde la cual se percibe la necesidad de un espacio de encuentro es el cuestionamiento de la falta de recursos para satisfacer necesidades básicas, no sólo como causa del desempleo, sino fundamentalmente vinculada con la riqueza mal distribuida (Sáez Bayona, 2002). Es decir: en lugar de poner el acento en el empleo, se focaliza la atención sobre los recursos para desde ahí pasar a lo propositivo. Así, se constituye una acción desde la implicación en la cotidianidad, alejada del referente mítico del empleo y vinculada a la lucha por conseguir que el derecho a una vida digna sea un derecho de todas las personas. Esto supuso romper con la centralidad que el empleo y la explotación juegan en nuestras vidas y apostar entre otras muchas propuestas y opciones por luchar por el derecho a lo que después se llamaría Renta Básica de las Iguales y de la cual hablaremos más adelante.

Así, en síntesis, los orígenes de Baladre están vinculados con la necesidad de conformar un espacio al margen de partidos y sindicatos, no tanto por una necesidad de negación de los mismos, sino por el hecho de que lo que inicialmente eran poco más que cuatro ideas escasamente sistematizadas no tenían cabida en los discursos tradicionales sobre las estrategias para superar las desigualdades.

2. La necesidad de incorporar marcos teóricos que faciliten una acción social transformadora

Casi desde el principio las gentes de Baladre nos dimos cuenta de que era necesario incorporar al trabajo social marcos teóricos adecuados que nos posibilitaran entender mejor la realidad y el porqué de tanto dolor y de tanto sufrimiento, que nos permitieran, además, recuperar y recrear prácticas liberadoras, emancipadoras, de trabajo social comunitario. Desde estas prácticas siempre se ha buscado impulsar iniciativas y espacios amplios de acción colectiva, desde los cuales las personas empobrecidas, precarias y excluidas como protagonistas puedan (podamos) dar sentido a la acción sociopolítica y con ella a la vida en su conjunto, al margen del destino que este sistema tuviera reservado para nosotras.

Era y es necesario tener presente una perspectiva crítica sobre el Estado. Aun reconociendo el doble papel que juega, es preciso no olvidar que una parte de las actuaciones del Estado han convertido a las gentes empobrecidas en un objeto de intervención, un objeto digno de ser investigado y de ser cambiado (Wacquant, 2009). Para ello ha desarrollado históricamente todo un conjunto de dispositivos, de recursos y de profesiones con el fin de atender, controlar, contener y desarticular si llegara el caso, procesos de autoorganización, de lucha y de reivindicación de las gentes y personas que han sido desposeídas de todo y de casi todo por esta sociedad (Sáez Bayona, 2010; Foucault, 2004). Para nosotras resulta crucial entender esto, para tomar conciencia y entender cómo históricamente bajo el paraguas de la lucha contra la pobreza, en ocasiones se ha orquestado en realidad una guerra contra las gentes empobrecidas (Waquant, 2009).

fotoEs desde ahí donde las gentes de Baladre fuimos poco a poco incorporando a nuestras lecturas de la realidad todo lo que hoy reivindicamos que es necesario incorporar al trabajo social, todo aquello que nos explica el fin de empleo y de la sociedad salarial (Gorz, 1998), la precarización total de nuestras vidas a través del capitalismo financiero global y guerra permanente (Fernández Durán, 2003 y 1996a), cómo con la desaparición del empleo estable también se resentían las identidades individuales y comunitarias (Sennett, 2000), el porqué de la desintegración del tejido social comunitario de los barrios (Muñoz, 2008; Fernández Durán, 1996b), el verdadero sentido de los recortes sociales y de las privatizaciones como solución in extremis para salvar un sistema social injusto, cruel y fracasado, incapaz de aportar lo más básico para una vida digna al conjunto de la población (Fernández Durán, Etxezarreta, y Sáez, 2001).

Igual de importante ha sido para las gentes de Baladre hacer una relectura sobre el desarrollo de los servicios sociales, donde en la mayoría de los casos el trabajo social individual, de caso, o familiar ha ocupado un lugar central. En este sentido, ha sido fundamental llegar a discernir que, estatal y público no ni sinónimos, ni mucho menos intercambiables (Valero, 2008). Asimismo, hay que considerar en este desarrollo el papel que desde cualquiera de sus ámbitos (estatal o público o a través, cada vez más del mercado mediante fundaciones, ONGs, etc.), han jugado una parte de las intervenciones sociales. En no pocas ocasiones, las intervenciones han desplazado de sus diagnósticos las causas estructurales y sistémicas de la desigualdad social, poniendo el énfasis en las características personales, individuales o colectivas de las gentes que la sufre (Monreal, 1996). Este análisis (que se sitúa temporalmente a principios de los noventa) llevó a uno de los ejes tal vez más polémicos de nuestras acciones y reflexiones: la constatación de que la pobreza, además de ser objeto de intervenciones poco efectivas, puede ser un negocio. Es en este sentido en el que, en aquellos años noventa, cuestionamos el desarrollo de un nuevo “mercado” de lo social.

Esta lógica significó, entre otras cosas, una perversión del sentido de los programas de intervención, puesto que entró en juego la relación coste-beneficio, que se coló por la puerta de atrás de evaluaciones que sólo tenían en cuenta el impacto (y no todo las dimensiones posibles del impacto) (Gómez, 2002). Igualmente, las habilidades profesionales (empatía, comunicación, etc.) pasaron a insertarse en el marco de la empleabilidad (también para muchas de las por aquel entonces compañeras de viaje) una solución personal o profesional en aquello que se denominó “nuevos yacimientos de empleo” (Sáez Bayona, 1993). La decantación de este proceso en la identidad profesional ha permeado la subjetividad de las trabajadoras y trabajadores sociales en su acción cotidiana. Por ejemplo, tal como señala Joan Cortinas (2012), en el caso del programa de la renta mínima en Cataluña (PIRMI), “la magistratura[2] de lo social implica que el sentido y contenido de los derechos sociales quede muy vinculado a la posición social de los magistrados, que se tornan productores de derecho en relaciones localizadas e interpersonales” (Cortinas, 2012: 104).

fotoEsto se da en paralelo a la introducción de las llamadas políticas activas de empleo. Estas políticas juegan un papel fundamental en la precarización de nuestras vidas y en la implantación de la precariedad como norma (que se concreta, por ejemplo, en la doctrina de la flexiseguridad). Estas políticas son funcionales también a la orientación de las ayudas de emergencia social y de las diversas formas de rentas mínimas condicionadas y los diversos formatos de prestaciones (muchas de ellas familiares, graciables, subjetivas, temporales) que se marcan como principal objetivo la inserción laboral casi a cualquier precio (Santos, 2012). Esta orientación, lamentablemente, ha ayudado a la extensión de una visión que culpabiliza de su situación a las personas precarias y empobrecidas. El concepto de empleabilidad juega un papel casi análogo a los discursos moralizantes que sustentaron las leyes de pobres en la Europa de hace unos siglos (Iglesias, 1998).

Esta reflexión ha llevado a las gentes de Baladre a rechazar la introducción y el desarrollo de la contraprestación o contrapartida en las intervenciones sociales. Históricamente, como se puede extraer de algunas lecturas de Foucault (1993), la contraprestación se ha utilizado para someter la posible disidencia y encarrilar hacia la “normalidad” la vida de las gentes empobrecidas. En nuestros contextos contemporáneos, esta decantación histórica se ha traducido en la focalización de la atención hacia la noción de empleabilidad, poniendo el acento en la formación que demanda el mercado para ser empleadas (explotadas) adecuadamente. Así, por ejemplo, en el caso de las políticas de rentas mínimas esto se ha concretado en el desarrollo de recorridos individualizados de inserción (Sáez Bayona, 2010).

3. ¿Pero qué hacemos en Baladre? Algunos elementos que conforman la acción de Baladre

Presentamos en este apartado algunos elementos o rasgos que consideramos que caracterizan la acción que ha desarrollado Baladre en estos treinta años. Se trata de cuestiones que pensamos que pueden ayudar en el debate sobre cuáles podrían ser algunas líneas a desarrollar desde un trabajo social comprometido. Como el resto del artículo, somos conscientes de que nuestras propuestas y reflexiones no agotan, en absoluto, este debate.

3.1 La Renta Básica de las Iguales y mucho más: el cuestionamiento de la centralidad del empleo en nuestras vidas

Una de las reivindicaciones que nos ha unido mucho a las gentes de Baladre es la lucha por el derecho a la Renta Básica de las Iguales (RBis). Es necesario explicar esta propuesta porque condensa buena parte de la filosofía que ha orientado y orienta el hacer cotidiano de los grupos y personas que formamos Baladre. Se trata además de una propuesta que tiene que ver con uno de los objetivos centrales del trabajo social: proporcionar a todas las personas los recursos necesarios para vivir con dignidad.

fotoA partir de lo enunciado en el apartado anterior, es decir, desde la negación de la intervención supeditada a los intereses y las lógicas del mercado, las gentes de Baladre, nos hemos esforzado mucho en la difusión y la lucha por el derecho a la RBis. Nuestra aproximación se inicia a mediados de los ochenta con las primeras intuiciones de uno de los grupos más emblemáticos de Baladre, la Asamblea de Paradas de Gasteiz. Nuestras compañeras de Gasteiz, partiendo del análisis de su realidad más cercana, se plantearon que el empleo iba a ser cada vez más escaso y más precario e iba a dar acceso a cada vez menos derechos. Posteriormente entramos en contacto con los textos de José Iglesias Fernández (1995), quien desde la economía crítica se hizo eco de una propuesta, la renta básica, que años más tarde él mismo contribuiría a revisar y mejorar (Iglesias, 2006).También en los noventa, nos llegaron las elaboraciones de algunos sectores del movimiento asambleario y autónomo, fundamentalmente de colectivos de personas desempleadas de otros países, fundamentalmente Alemania, que compartían el núcleo central de la renta básica: poner el acento en el reparto de la riqueza.

Más adelante, una vez asumida como una herramienta fundamental para el proceso de transformación social, Baladre ha participado activamente en la teorización y en el desarrollo de esta propuesta, de la mano de José Iglesias, enunciando la renta básica como RBis. No obstante, es necesario apuntar que para nosotras la renta básica es una propuesta más, entre otras muchas propuestas ya existentes con anterioridad en los movimientos sociales. Pronto entendimos que la RBis es una pieza más en el complejo universo de las luchas sociales por construir otra sociedad. La RBis debe acompañar otras luchas (feminismo y anti-patriarcado, antimilitarismo, ecologismo…), ser útil a las mismas, pero sin tratar de desplazarlas, sino complementándolas. Sería iluso pensar que cualquier lucha por separado es suficiente para cambiar la sociedad.

La renta básica nos permite sacar a la luz el debate sobre la redistribución de la riqueza en las sociedades occidentales. En el marco concreto del trabajo social, esta propuesta facilita igualmente la reflexión sobre en qué medida podemos hablar de una intervención social vinculada con la justicia y la equidad si los sujetos, las personas a las que se dirigen las intervenciones, no tienen cubiertas sus necesidades básicas. Sin unas mínimas condiciones que posibiliten una vida digna es muy difícil sacar la intervención social de las lógicas de la empleabilidad. En este sentido, el modelo de renta básica por el que apostamos, la RBis (Iglesias, 2006), lo concebimos desde una perspectiva no finalista, que es como se articulan las ayudas de emergencia social y la mayoría de las rentas mínimas existentes. El carácter finalista de una prestación implica que ésta debe ir dirigida sólo a aquellos fines por los que se concede (por ejemplo, la compra de alimentos, el pago de la luz, etc.). La fundamentación teórica de dicho carácter finalista suele esconder una epistemología de corte funcionalista que plantea la “disfuncionalidad” de las personas empobrecidas dentro de esta sociedad. Esto, en el caso de las rentas mínimas, esta concepción finalista se vincula con la inserción laboral. Por nuestra parte, el sentido que le atribuimos a la RBis es el de construir una herramienta más que sea útil en la búsqueda de una sociedad alternativa aquí y ahora (Iglesias, 1995, 1998, 2006; Aguado, 2002).

La RBis propone el derecho que debe tener toda persona a percibir una cantidad periódica para cubrir sus necesidades materiales. Sin embargo para convertirla en algo más que una declaración de principios, a la definición se le ha tenido que añadir unas características, estructurales y de opción política, que la han convertido en un instrumento para acción social y política, así como en un mecanismo que garantiza la distribución de la renta. Estas características especifican que la RBis han de ser:foto

  • individual (no familiar)
  • universal (no contributiva y para todas)
  • incondicional (independiente del nivel de renta, de la participación o no en el mercado de trabajo y sin ninguna contraprestación)
  • suficiente (la cuantía ha de ser por lo menos igual al umbral de la pobreza y recibir todas la misma cantidad) (Iglesias, 2006; Iglesias, et al., 2012)

La mayoría de las prestaciones sociales actuales, sujetas a control y gasto burocrático quedarían refundidas en la RBis. El tipo de sociedad al que aspiramos, mucho más colectiva desde luego y comunitaria, nos llevó a enriquecer nuestra propuesta inicial de la RBis con la apuesta por la creación de un Fondo Social o Fondo Comunitario de RBis. Así, la gente recibiría el 80% de la RBis en mano y el otro 20% lo pondría en común con las gentes de sus distritos, barrios o pueblos, para determinar de forma autónoma y participativa las políticas de gasto que permitan la satisfacción de necesidades que se hayan determinado colectivamente. Nuestra apuesta sería además que estos porcentajes se vayan poco a poco, haciendo crecer la parte colectiva de la RBis (Iglesias, et al., 2012).

Más allá de lo propositivo está lo discursivo de una propuesta concreta para el reparto de la riqueza y de la renta, que desplaza al empleo para situar en el centro de la agenda pública, en un mundo tremendamente monetarizado, el debate sobre los recursos que hace falta poner en común para cubrir las necesidades básicas en términos de suficiencia y dignidad. Asimismo, hace de la vida y su sostenimiento el núcleo desde donde plantear la superación del actual modelo de sociedad; en este mismo sentido, ayuda a deconstruir todo eso del capitalismo, del empleo, del trabajo y nos lleva a hablar más de las tareas cotidianas que son necesarias abordar para asegurar la vida de todas las personas en términos de igualdad, de libertad y de autonomía de las personas.

Es ahí donde las gentes que optan por el trabajo social como una opción de vida diferente pueden ver el sentido de esta propuesta, la autonomía que genera respecto de los Estados, de las instituciones, de los mercados; y de los recursos que distribuye para que entre todas podamos parir juntas una sociedad diferente. Este es el sentido de la propuesta, en lo propositivo romper con la centralidad del empleo y, desde lo discursivo, ayudar a comprender y también deconstruir esta locura.

En este esfuerzo por el reconocimiento del derecho a la RBis, hemos desarrollado, entre otras, una estrategia basada en los estudios de viabilidad social y económica de la propuesta. Estos estudios, desde nuestra perspectiva, son una estrategia para la visibilidad de la RBis y, sobre todo, para agitar el debate y enredarnos con otras personas y colectivos.

Desde 2003 hasta aquí, son varios ya los estudios sobre la viabilidad social y económica de la RBis en distintos niveles territoriales. A nivel autonómico: Andalucía (Iglesias, 2005), Extremadura (Iglesias, 2004) y Galiza (Lores, García y Sáez, 2012); y a nivel municipal: Alfafar (País Valencià) (García y Sáez, 2010), La Orotava (Tenerife) (López y Sáez, 2011). Actualmente se realiza otro en Cuenca. Estos estudios demuestran que el problema para la implantación de este derecho no es económico (la riqueza está ahí, no hay que crearla), sino que se encuentra coartado por la falta de voluntad política de las élites que nos gobiernan la vida, las cuales serían sin duda las primeras perjudicadas por su implementación. También se puede apreciar en estos estudios la alta valoración social de la propuesta.

Pero más allá de los resultados explícitos y recogidos en los distintos informes, estos estudios han servido para, en primer lugar, “dar voz a los sin voz”, sacar a la luz los discursos y los argumentos de las gentes empobrecidas, precarias y que sufren la exclusión social (García y Muñoz, 2013). Además, la metodología de los estudios, mediante grupos de discusión y entrevistas a informantes clave (además del análisis económico), implica a una considerable cantidad de personas que han participado en ellos. Este planteamiento de los estudios como herramientas que van más allá del conocimiento de la realidad, nos ha ayudado a incrementar las dinámicas de entendimiento y las lógicas de colaboración, de apoyos mutuos, de solidaridad y de enredos con colectivos y personas diversos, tejiendo complicidades en estos territorios en torno a la lucha por conseguir este y otros derechos (Muñoz y García, 2012).

En los últimos meses de 2013 y durante el primer trimestre de 2014, somos una de las redes que ha impulsado la convocatoria de una ILP (Iniciativa Legislativa Popular) de ámbito estatal por el derecho a una renta básica. Esta ILP se desarrollará bajo el paraguas del "Movimiento Contra el Paro y la Precariedad". A la misma se han sumado colectivos y personas de todo el Estado, grupos y asociaciones que trabajamos en ámbitos distintos, pero que hemos confluido en la necesidad de señalar la necesaria concreción del reparto de la riqueza.

3.2 El desarrollo social y comunitario. Más allá de la intervención, la necesidad de enredar y construir herramientas para cambiar nuestra realidad

Motivadas por la misma filosofía en la que se inspira la RBis, que se basa en garantizar el libre acceso a los recursos básicos necesarios para vivir dignamente (vivienda, cultura, educación, salud, “papeles”, etc.), y siempre desde el cuestionamiento del orden social en el que vivimos, las gentes de Baladre, en nuestro caminar, a veces con equivocaciones y con muchas, muchas, vueltas a empezar, nos dimos cuenta de que somos simplemente unas más en todo esto de intentar salir de tanta y tanta podredumbre, y unas más en esto del trabajo social.

fotoAsí, desde los inicios decidimos, desde el compromiso con otras opciones de vida, buscar iniciativas y herramientas que nos fuesen útiles para relacionarnos con las personas que más sufren, evitando intervenir “sobre” las personas, renunciando a querer cambiar a nadie, para así debatir, convivir y, sobre todo, proponer alternativas e intentar construirlas conjuntamente. Es por ello por lo que en Baladre no hablamos solamente de intervención social, sino que hablamos de enredar, de andar juntas, de convivir y compartir nuestros destinos, intentando poner en marcha iniciativas útiles para crear autonomía, para intentar asegurar la vida de todas y, fundamentalmente, para desde la horizontalidad contribuir a ese esfuerzo colectivo de parir juntas una nueva sociedad más justa, más libre y más igualitaria.

Estas iniciativas de desarrollo comunitario, a menudo, nacen en los márgenes del sistema, desde la marginación y la exclusión. Se trata, en definitiva, de dar respuesta a los problemas desde lo colectivo, tratando además de reconstruir el tejido social comunitario de nuestros barrios y de nuestros pueblos (Koordinadora de Kolectivos del Parke, 2006).

En este caminar descubrimos, entre otras herramientas, los puntos de información, denuncia y acompañamiento. A través de la socialización de la información en materia de derechos sociales y prestaciones económicas, construimos relaciones en nuestros entornos con las personas que sufren el empobrecimiento para, desde sus vivencias, conocer mejor la realidad y, sobre todo, articular desde esa relación procesos de denuncia en la calle. Era necesario (y lo sigue siendo) que tanto dolor se visualice, que mostremos en la calle todo el fracaso de esta sociedad a la hora de garantizar una vida digna, y que sirva para crear conciencia y tejido social en torno a los problemas reales y concretos que sufren las personas de nuestros barrios y pueblos (Alambique, 2012).

También descubrimos las radios sociales y comunitarias, muchas de ellas ubicadas en espacios recuperados para ser utilizados colectivamente como Centros Sociales Okupados Autogestionados. Como tantas otras, experimentamos la necesidad de articular una comunicación social, libre, desde la cual explicarnos a nosotras mismas la realidad; y, desde la autonomía que no gozan muchos medios, contribuir a mostrar y a difundir la realidad de otras luchas y de colectivos (Hernández, Martín y López, 2010). Es así como el programa realizado por las gentes de Baladre, titulado "Nosotras las personas", lleva emitiéndose desde Radio Pimienta, una radio social y comunitaria de la Orotava, en Tenerife, desde hace ocho años. Semanalmente se distribuye a través de la red de radios libres a todas las radios sociales y comunitarias del mundo, especialmente en el Estado español y América Latina.

Por otra parte, bajo el lema “Para todas todo” coincidiendo con el 30º aniversario de Baladre, el pasado verano de 2013 hemos llevado a cabo una caravana-marcha que ha recorrido diversas ciudades y pueblos de la Península Ibérica, desde Oporto hasta Cuenca. Esta caravana recordaba, además, la marcha contra el paro y la pobreza que organizamos en 1993, y que a su vez fue un homenaje a las marchas de 1933 sobre Madrid, en plena 2ª República. La caravana ha incluido acciones de denuncia y de visualización de las luchas relacionadas con los ejes de trabajo (menores, mujeres, cárceles, migrantes, barrios empobrecidos, etc.) de los colectivos y grupos que en cada territorio han hecho posible la caravana, así como la existencia de la coordinación Baladre. Se puede decir sin temor a exagerar que la caravana ha reforzado los vínculos entre las personas y grupos que forman Baladre, así como las relaciones con otras personas y grupos[3].

4. Para seguir debatiendo y construyendo.

Uno de los grandes retos que tenemos como sociedad es sustituir el modelo del “empleo” por el del “trabajo”, enfocado éste, además, desde las comunidades. Salir de la dinámica de la producción para el mercado, a la reproducción de la vida para satisfacer nuestras las necesidades básicas entre todas las personas, a través del apoyo mutuo, mejorando las condiciones materiales y redistribuyendo los recursos de manera que nadie quede excluido, como pasa hoy en el actual sistema.

Este reto afecta especialmente al ámbito de la intervención social y educativa. Son tiempos de repensar dónde nos ha llevado la lógica de la profesionalización (entendida de forma excluyente como la única forma de ejercer el trabajo social), son tiempos de poner en común, son tiempos de apoyos mutuos, de grandes y pequeñas alianzas, en el espacio social amplio y en lo cotidiano. Pero son sobre todo tiempos sobre de salir a la calle para tomarla, para hacer visible el fracaso de esta sociedad que se descompone, mostrando todo el dolor y el sufrimiento que provoca, es tiempo para desobedecer y para construir en común ese mundo que tanto ansiamos.

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