Se ignora el derecho de todo el mundo a estar alimentado

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imagenIsa Álvarez Vispo. ¿Alimentarse es lo mismo que comer?

No hay aquí lugar para explicar el currículo de Isa Álvarez Vispo como se merece. En aras de la síntesis, digamos que es experta en agroecología, participa en Ecologistas en Acción y Baladre, y ¿Qué comen las que malcomen? que es una de las autores del libro. Para las aficionadas a los datos biográficos: nace en Suiza, se cría en Ermua y actualmente vive en Lantaron, en la profunda zona rural alavesa. No por casualidad, por supuesto.

Dice que hay que repoblar la sociedad. Cuando se provocaron las migraciones del campo a la ciudad (intencionadamente), ¿se trataba de desalojar el campo?

No, no creo que ese fuera el objetivo, sino establecer un modelo desarrollista. Y eso puso a la ciudad en el centro. Al mismo tiempo, las que querían quedarse en el caserío debían sumarse a este modelo: convertirse en modernas, hacer inversiones, mirar los mercados con mayúsculas. Además, hubo un tiempo en el que el ambiente campesino se asoció al analfabetismo, etcétera. El objetivo no era abandonar la zona rural, pero se vació. En consecuencia, los labradores y labradoras son muy pocas en Europa.

¿Y qué es un labrador?

Ja ja, ese es un tema digno de tesis, porque ya se han hecho las tesis al respecto. Por abreviar, diré que es el cultivo a pequeña escala, que sigue teniendo relación con la tierra, que es consciente de nuestra dependencia de ella y que la cuida. Esa es la base, en mi opinión.

¿Y determinados valores?

Sí, pero creo que habrá que reafirmar su significado. Y es que hoy en día se habla del campo desde el punto de vista de la nostalgia, no de cara al futuro. Y, en cuanto al estilo de vida tradicional, habría que repensar muchas cosas; el patriarcado, por ejemplo, ha tenido una presencia importante en la agricultura. Para que el modelo sea útil hace falta justicia social. Yo, cuando hablo de ruralizar la sociedad, me opongo a repoblar el campo.

¿Es decir?

Ahora se habla de repoblar como si fuera algo vacío que había que cumplir de alguna manera. ¿Y quién nos alimentará? No creo que todos los que acuden al campo tengan que agarrarse a la azada, pero tienen que ser conscientes de que sin agricultura no hay rural. Sin ellas, nada de alimentos. Tal vez tengamos productos comestibles, que es lo que nos venden los grandes distribuidores. Nada de alimentos reales, sin embargo.

No son lo mismo, entonces...

No. Nos dicen que los productos comestibles son inocuos, que es legal estar en las estanterías de los supermercados. Bueno, pues. Pero los alimentos deben alimentar. Hemos normalizado tener las casas llenas de productos comestibles, ya que ahora nos venden como si fueran superalimentos lo que no son más que alimentos normales. Y así cobrándonos más.

Muchos dicen que el modelo de la agroecología es incapaz de alimentar los miles de millones que andamos en este mundo.

En el mundo no tenemos problemas en cuanto a la producción de alimentos, ya que producimos el 150% de lo que necesitamos. La cuestión es qué modelo de alimentación queremos, poniendo en el centro las necesidades reales. Pero es posible; todavía hoy, el 70% de los alimentos del mundo son producidos por pequeños agricultores. Desde el 30% restante, sólo el 24% se aprovecha para comer.

¿Y el otro?

Para piensos, biocombustibles... La verdad es que a nivel global no dependemos tanto de las grandes cadenas empresariales. Pero aquí, en Europa, estamos metidas de lleno en ese modelo.

Hablemos del hambre. La palabra nos recuerda a las duras imágenes africanas. A pesar de los problemas, en Europa no se puede morir de hambre...

Bueno, aquí ha pasado algo sorprendente: hasta hace pocos años, los bancos de alimentos recogían para otros continentes, y ahora, en cambio, lo hacen para aquí. Y lo hemos normalizado por completo.

Así, ¿cómo se define el hambre? ¿Se puede medir?

La seguridad alimentaria está definida como la disponibilidad de un número determinado de kilocalorías. De ahí para abajo, supuestamente, tienes hambre. Pero hace tiempo que se habla, más allá del hambre, de la mala alimentación. De hecho, la globalización ha hecho que en muchos países algunas personas hayan pasado de tener hambre a estar mal alimentadas, ya que se les introdujo el modelo capitalista, llevando a los barrios de la periferia los McDonalds y la comida basura. Quizá ahora haya menos personas hambrientas, pero hay más que están mal alimentadas y enfermas.

¿Qué comen mal los que comen mal?

En general, de preparados rápidos, porque todas estamos sometidas a la dictadura del tiempo. Y más concretamente, cuando trabajamos ¿Qué comen las que malcomen?, al hablar con las personas marginadas de las periferias, nos decían que son invisibles, que les llegan las sobras. En los bancos de alimentos, por ejemplo, la nutrición es insignificante: nada de alimentos frescos, azúcar... Por otro lado, a menos recursos, más comidas ultraprocesadas, que se preparan más rápido, y que suelen ir de la mano la pobreza alimentaria y la pobreza energética. Se puede llenar el estómago, sí, pero eso no es realmente alimentarse. Se ignora el derecho de todo el mundo a estar alimentado.

¿Cómo distribuir la renta básica?

En Baladre reivindicamos una renta básica para iguales: ingresos suficientes, de carácter universal, y de acuerdo con la distribución 80-20: 80% para la persona y el 20% restante para una estructura común. Cada cual deberá determinar cuál es esa estructura común. Y de ahí saldrán los servicios que necesita la comunidad. Ese 80-20, con tiempo, debería convertirse en 20-80. Es utópico, pero nos sirve para preguntarnos: en el campo de la alimentación, si tuviéramos ese 20-80, ¿cómo nos organizaríamos?. Es interesante porque en los debates se menciona que algunas de las propuestas ya se hacen en algunos lugares.

Fuente: “Ez da aintzat hartzen mundu guztiak elikatuta egoteko duen eskubidea”

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